¿Y si las clínicas abrieran a las 8 de la mañana?

Uno de los mayores problemas con los que se encuentra el empresario veterinario es la conciliación de la vida profesional con la familiar, tanto para sí mismo como para sus empleados.

Los horarios de jornadas partidas y los cierres cada vez más tardíos que intentan facilitar la atención a aquellos clientes que vuelven a sus casa a las 19,00-20,00h son, junto con los salarios, una de las principales causas de desencanto y abandono de la actividad clínica.

Así hemos visto como, en los últimos 20 años, la hora de cierre se extendía progresivamente hasta las 21,00h o incluso hasta las 22,00h. Además, aquellas clínicas que tenían suficiente personal o que querían facilitar el cumplimiento de jornadas continuas, extendían también la apertura entre las 14,00h y las 17,00h para cubrir las horas del mediodía.

Durante todos estos años hemos dado por sentado que este era el camino. Y lo hemos aceptado a pesar de que los datos nos indicaban que las horas del mediodía eran las menos rentables y que cerrar cada vez más tarde convertía nuestra casa en una habitación de hotel para dormir y poco más.

¿Cómo son nuestros clientes?

Si nos paramos a pensarlo, nuestros clientes se pueden dividir en tres tipos:

  1. Los que trabajan en “horario de oficina” e inician su jornada laboral sobre las 8.00-8,30h. 
  2. Los que trabajan en actividades comerciales y comienzan su jornada a las 10,00h.
  3. Los que no trabajan o lo hacen con un horario flexible.

En los dos primeros casos, las posibilidades de acudir a la clínica se desplazan, con los horarios habituales, a las últimas horas del día y, en menor medida a las horas del mediodía. 

En el tercer caso, el cliente no tiene problemas a la hora de fijar una cita a cualquier hora.

Cambiando horarios

Pero, si cambiamos los horarios y empezamos a abrir a las 8,00h, nuestros clientes se encuentran con otra franja horaria adicional en la que les resulta cómodo acudir a la clínica: justo antes de su jornada laboral.

Las ventajas parecen claras: 

  1. Nuestro cliente aprovecha mejor su tiempo: de paso que saca al perro por la mañana o antes de iniciar la jornada laboral (en el caso de los gatos) puede acudir a la clínica veterinaria y reservar el escaso tiempo que queda por la tarde y tras terminar su jornada laboral a actividades de ocio, sin responsabilidades adicionales en un momento en el que está cansado.
  2. La clínica puede gestionar mejor su tiempo, realizando consultas y cirugías ambulatorias a primera hora.
  3. Al ofrecer una alternativa a las horas que el cliente tiene disponibles para acudir a la clínica, podemos adelantar el cierre de la jornada de tarde en, al menos, una hora con respecto al que existía previamente sin dañar nuestra oferta de servicios ni nuestra relación con los clientes.
  4. Es más fácil organizar los horarios de los empleados con jornadas continuas (aunque no se apliquen todos los días) que permitan conciliar la vida laboral con la familiar.

¿De verdad es posible?

A veces da vértigo implantar cambios porque pensamos que pueden dañar nuestro negocio. Sin embargo, en este caso, parece sencillo volver al horario previo si el experimento no funciona. 

Os contamos lo sucedido en dos clínicas tras implantar el cambio de horario, abriendo a las 8,00h (en vez de a las 10,00h), cerrando a las 20,00h (en vez de a las 21,00h), manteniendo la jornada matutina de los sábados y dejando de abrir los domingos por la mañana:

  • El horario entre las 8,00h y las 10,00h pasó a ser uno de los más demandados. 
  • Entre las 8,00 y 8,30h, con menor afluencia de público, se podía organizar el día, reponer fungibles y preparar quirófano.
  • Las cirugías ambulatorias comenzaban antes (sobre las 8,30h) con lo que los pacientes pasaban más tiempo postquirúrgico en la clínica y se iban más tranquilos.
  • No hubo ninguna queja de clientes por adelantar la hora de cierre, ni clientes que dijeran que necesitaban venir más tarde de las 20,00h…pero sí hubo muchos agradecimientos por empezar a abrir más temprano.
  • Se pudieron organizar mejor los horarios de los empleados, siendo beneficioso tanto para ellos como para la empresa. En el caso de los empleados, podían terminar su jornada, varios días, a las 15,00h. En el caso de la empresa, podía mantener jornadas continuas que no se extendían hacia el mediodía (cuando no tenía sentido aumentar el número de trabajadores) sino hacia las primeras horas de la mañana, cuando eran necesarios.
  • El cierre más temprano aumentó, para todos, el escaso tiempo disponible tras finalizar la jornada.

¿Hacia dónde se dirigen los horarios?

Durante mucho tiempo, las clínicas veterinarias se han asentado sobre las jornadas maratonianas que hacían tanto el propietario como sus empleados. La obsesión por ofrecer cada vez un horario más amplio nos ha llevado a perder de vista los más importante: hay vida más allá de la clínica. Y lo peor es que la ampliación de horarios no ha aumentado, necesariamente, los ingresos de los centros ni su rentabilidad.

Es el momento de cambiar la perspectiva. Cerrar cada vez más tarde no supone necesariamente una ventaja para nuestros clientes ni para nuestro negocio. Y supone, con seguridad, un serio inconveniente para la fidelización de nuestros empleados y para nosotros mismos.

Un camino posible transita por la apertura y cierre más tempranos. No resulta descabellado plantear una apertura a las 8,00h y un cierre a las 19,00h. El camino puede hacerse por etapas, comprobando cómo responden los clientes a cambios más pequeños.

Y no hay que olvidar el monstruo que hemos creado abriendo sábados y domingos (los odontólogos fueron más listos). Pero de eso hablaremos otro día.

Compartir en linkedin
Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email

Regístrate gratis y disfruta de todas sus ventajas